Es decir nuestro civilizado estilo de vida esta construyendo lo que en realidad será nuestro estilo de muerte.
Dice la estadística que existen en el mundo 110 millones de diabéticos y que en el año 2025 serán 320 millones. Esta alarmante cifra empequeñece con las cifras astronómicas a lo que ascenderán los costos directos e indirectos de esta epidemia.
Los gastos en atención médica de infartos, accidentes cerebrales vasculares, falla renal crónica, gangrena y amputación del pie diabético serán sin duda alguna, mayores a los presupuestos que hace treinta y cinco años fueron asignados al proyecto Apollo para enviar un hombre a la luna y traerlo de regreso a salvo.
A estos gastos deberemos sumar los costos del ausentismo laboral y escolar; la falta de productividad característica de grandes proporciones de una población aquejada de poca resistencia al ejercicio, con mal carácter relacionado con sueño no reparador, por la apnea del sueño, el reflujo esofágico y la disfunción sexual que tanto aquejan a la población obesa y diabética.

Es por lo tanto imperioso iniciar la lucha frontal y decidida contra estas consecuencias de un mal estilo de vida. Pero esta lucha debe pelearse en varios frentes.
A nivel individual realizando el esfuerzo de adquirir rutinas o hábitos de actividad física beneficiosa como podrían ser el caminar o bailar cada DIA durante 20 a 30 minutos e involucrar al resto de la familia.
También debemos abrir un frente a nivel de las instituciones de educación desde parvularios hasta las universidades donde se incluyan en el plan de estudios de todas las carreras conocimientos acerca de una nutrición saludable y los beneficios de la actividad física continuada a lo largo de toda la vida.
En el esfuerzo orientador de todos los gobiernos se deben hacer obligatorias las recomendaciones urbanísticas que nos sugieren construir aceras en todas las barriadas para practicar la caminata que tanto mejora la salud. De igual forma se deben planear, construir y mantener áreas verdes y parques que favorezcan las actividades al aire libre y de paso las relaciones familiares que tanta falta hacen en un tiempo de tantas familias fraccionadas.
Sin lugar a dudas los medios de comunicación deberán jugar un papel importantísimo en esta lucha, como en todas las guerras reales. Pues solo son su auxilio podremos visualizar el panorama descarnado y cruel donde los caídos, victimas fatales en muchas ocasiones, se perderían en el anonimato de no ser por estas formas de trasmisión de la información.

Hemos bautizado a este siglo como el de la comunicación de manera tal que nos es difícil imaginar como seria el mundo sin medios de comunicaciones electrónicas y masivas. Los médicos, sin lugar a dudas, debemos aprender a manejarnos con los medios de comunicación, dentro de ellos, al lado de ellos y a veces en contra de ellos cuando la información presentada no sea la que lleve la tendencia a promocionar una epidemia grande y poderosa pero, una “epidemia de salud” que pueda cambiar el futuro de esta humanidad.
Por tanto debemos realzar el gusto por la buena mesa pero, balanceada y saludable, también el gusto por el culto a un cuerpo sano pues solo en ese templo puede existir esa mente humana de la que estamos tan orgullosos y por que no decirlo también del gusto por el buen sexo pero con amor, respeto y seguridad.