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El Aprendizaje en el Adulto Mayor Imprimir E-Mail
escrito por Lic. Perovskaia Correa - Gerontóloga   
ImageCon el envejecimiento se produce un aletargamiento de muchas funciones y una actitud más pasiva. Conocemos que la participación activa en iniciativas culturales puede favorecer el mantenimiento de una capacidad intelectual buena e íntegra. Las facultades mentales deben ser ejercitadas, de igual modo que las musculares y corporales.
Es importante aclarar que cuando hablamos de “educación para el adulto mayor” no nos referimos necesariamente a la que se imparte instituciones educativas con estructuras académicamente rígidas, hablamos de una “educación flexible y si se quiere un poco informal” la cual puede darse en asociaciones de jubilados o pensionados, en centros religiosos, hogares o retiros de tercera edad, hospitales, consultorios, reuniones sociales o familiares. No quiere decirse tampoco, que se trate de una educación dejada al azar, sino, programas amigables y con capacidad de adaptación a cada individuo pero, que al mismo tiempo se ocupen de ofrecerle información veraz y completa pero, también con un valor eminentemente practico y que le ayude a superar las dificultades que se encuentran cada día. De ningún modo podría tratarse de un currículo o programa de estudios áridos y que no despierten un interés intenso en el adulto mayor.

En general, los programas de educación para adultos mayores en su mayoría tienden a enfocar aspectos concernientes a la salud física o mejor dicho a la salud orgánica del cuerpo. Tales como los programas de capacitación en autocuidado. Por lo tanto, en la planificación de esos programas es necesario incluir temas relacionados con otros aspectos que pueden ser de interés para el individuo, considerando sus necesidades físicas, psicológicas, emocionales, sociales y culturales.

Se ha señalado que en países de las Américas son escasos los programas de educación específicamente dirigidos a las personas de la tercera edad, y los que hay tienen una orientación predominantemente recreativa, como juegos de azar, paseos, excursiones, manualidades etc. que no responden integralmente a la necesidad de adquirir conocimientos relacionados con el proceso de envejecimiento bio-psico-social.

La educación para la tercera edad debe comprender aspectos tales como las características del envejecimiento normal, prevención y manejo de enfermedades, manejo de discapacidades, autocuidado en salud, sexualidad, desarrollo de destrezas básicas en la escritura y lectura, desarrollo de habilidades y conocimientos vocacionales necesarios para el uso de la tecnología cotidiana como la computadora, el teléfono celular, los controles remotos, los cajeros automáticos etc.

Quizás a primera vista esto pudiera parecer exagerado pero con las tendencias actuales al incremento de la edad de jubilación pronto veremos que muchas plazas de trabajo estarán siendo ocupadas por personas de edad avanzada a quienes se les debe dar todas las oportunidades para que se desempeñen con efectividad y logren contribuir al avance del país y consigan llegar al momento de su retiro laboral en condiciones de disfrutar de la vida. Es importante que el momento del retiro es solo “el retiro de las actividades laborales” y no el abandono de las otras facetas de la vida como el disfrute familiar, de las amistades y de la vida cultural de nuestra comunidad.

También es evidente la falta de programas educativos dirigidos al núcleo familiar en particular y a la comunidad en general, diseñados para que desarrollen las maneras más efectivas de ayudar al adulto mayor a lograr su pleno desarrollo y a disfrutar todo el potencial que la vida puede ofrecernos a esa edad.

Estudios señalan que el logro del aprendizaje de los adultos mayores aumenta proporcionalmente cuando el material a aprender es significativo para ellos, en comparación con personas más jóvenes. Por lo tanto debe destacarse la importancia de cada elemento de aprendizaje remitiéndolo a lo conocido y, cuando sea posible, a las experiencias e historias personales de los adultos mayores.

En todo esfuerzo de enseñanza - aprendizaje será necesario crear una atmósfera propicia, para los adultos mayores reduciendo el impacto de situaciones de ansiedad, con la finalidad de restablecer en el individuo confianza en sí mismo y en sus posibilidades de aprendizaje.

Los programas de educación informal para adultos mayores deben tener un enfoque amplio, en el cual los aspectos psicosociales, económicos y culturales, entre otros, se relacionen con los concernientes a prevención y promoción de salud y es de vital importancia que el adulto mayor participe y aporte sus vivencias y conocimientos ya que así se desarrollaría una educación andragójica de doble vía o sea que de ellos también tenemos mucho que aprender. Todos debemos tener siempre presente, con el debido respeto, “Que más sabe el diablo por viejo que por diablo” y que “en cada rostro de anciano que vemos estamos mirando el espejo que nos devuelve la imagen de nuestro propio mañana”.
 

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