
A diferencia de los brotes estacionales anuales de gripe que atacan y matan más a la gente anciana, cuando ocurrió la pandemia de gripe de la primera guerra mundial, atacó con más saña a los adultos jóvenes.
Las actividades sociales, culturales, económicas y políticas se alteraron de una manera que nunca había sido vista. La gente alertada dejó de ir a reuniones públicas como misas e incluso las escuelas.
Claro que también se ven afectadas las actividades económicas pues, ¿quién quiere ir a un teatro abarrotado de gente potencialmente portadora de tan letal virus o a un partido de fútbol, béisbol o a una función de boxeo?
Hasta el transporte masivo se alteró y los viajes en tren y otros medios se redujeron. Todo esto, sumado a la incidencia de incapacidades y ausentismos en los trabajadores acabó con la efectividad para mantener las industrias y comercios andando. Esto redujo el producto económico y por tanto el monto de los impuestos recaudados. El gobierno ahora tenía menos dinero para responder a las necesidades urgentes y crecientes de una población enferma y que clamaba por asistencia.
Todas las instituciones se vieron menoscabadas, el personal entrenado y experimentado se hizo escaso, la policía, los bomberos y el correo experimentaron dificultades debido a la falta de personal. En las primeras etapas, el auge solo ocurrió en las agencias funerarias pero pronto ellos empezaron a sufrir, pues sus operarios también enfermaron y muchos murieron, además no había artesanos y operadores para fabricar los ataúdes que la demanda exigía. Y al cabo de un tiempo los cadáveres se enterraban en fosas comunes y solo envueltos en telas y bolsas.
La más importante de todas las instituciones, la familia, fue alterada, y sufrió muchísimo pues en muchas de ellas se perdieron padres y madres, condenando a los niños a la orfandad. En no pocas ocasiones todos los miembros de la familia sucumbieron ante la enfermedad. ¡Qué situación tan difícil, la de ser un niño huérfano, proveniente de una familia afectada! ¿Quién quiere adoptarlo y llevarlo a su propio hogar, sabiendo que quizás portaba la mortal enfermedad?
La gente que podía emigraba a regiones apartadas para eludir el contagio pero con el tiempo aún los habitantes de las campiñas fueron alcanzados por la epidemia. En tan solo cuatro meses murieron cerca de tres cuartos de millón de estadounidenses. Solo en Nueva York murieron más de 30 mil personas.

En nuestros días nos enfrentamos a la posibilidad de que la poderosa cepa de gripe conocida con H5N1 que ha atacado a millones de aves en varios continentes y a un poco más de un centenar de personas principalmente en Asia, encuentre la manera de mutar para infectar con más facilidad a los humanos y lo aún más peligroso, diseminarse de persona a persona.
Los números sugieren la posibilidad de un problema de salud escalofriante. Veamos la gripe de 1918 atacó más o menos al 30% de la población y mataba a aproximadamente un 2% de los enfermos y miren lo que causó.
El virus H5N1 ha acabado con la vida de 50% de los enfermos que la han adquirido y si pensamos que atacara al 30% de la población actual de 6400 millones de personas y mate al 5% de los enfermos significa que la humanidad perdería cerca de 100 millones de individuos.
Aunque muchos expertos coinciden en que las cifras extrapoladas de la pandemia de 1918 no deben usarse, pues estas constituyen el evento pandémico más grande de toda la historia humana y por tanto no representan un buen punto comparativo, se sabe que la cifra de muertos siempre es menor que la cifra de personas que enferman y la de aquellos que requieren hospitalización y cuidados esmerados. Esto hace pensar que los sistemas de salud públicos y privados podrían verse sobrepasados por la demanda de servicios que se generaría ante una nueva pandemia.

Nadie puede predecir si los cambios que llevan a la aparición de una cepa vírica capaz de desarrollar una pandemia se producirán ahora o en unos años pero, un evento que podría afectar a tal grado a la humanidad exige que todos estemos bien informados, pendientes de las más responsables fuentes de información como la O.P.S.
www.paho.org y el Ministerio de Salud
www.minsa.gob.pa.
Afortunadamente, hasta el momento de escribir este artículo no se ha detectado que el H5N1 tenga la característica de transmitirse entre las personas directamente pero la posibilidad y el riesgo es enorme como anuncian con precaución las máximas autoridades de salud de la Organización Panamericana de La Salud y la Organización Mundial de la Salud. ¿Qué podemos hacer los ciudadanos ante este riesgo?