

La cinta llega tarde para Verenice. Al posarse sobre su cama, aquella cinta trajo rápidamente a su memoria la totalidad de su vida.
También recordó con gran cariño el nacimiento de cada uno de sus tres hijos, el primero, Jaime, llegó cuando Verenice tenía 30 años. Claro, tomó muchos años abrirse camino al éxito profesional. A pesar de su titulo universitario de profesora y dos maestrías, tomó tiempo conquistar un lugar entre la elite profesional de la metrópolis, de manera que la maternidad se pospuso por varios años. Vio toda su vida como retazos...
imágenes de vívidos colores, iluminados fugazmente como si fueran pintados por la luz de un flash fotográfico. Recordó con calidez su niñez, el tiempo en que jugaba, siempre al alcance de la mirada protectora de su madre. Toda su infancia la paso en ese pueblo interiorano, tan parecido a uno chiricano. Cada verano correteaba junto a sus hermanos mientras trepaban a un frondoso árbol de nance. Como un flash, su mente se lleno del recuerdo de su fiesta de quince años y el baile que compartió con su padre, padrinos, hermanos y amigos. Un segundo después su memoria la llevó de regreso al día de su boda y recordó como cosechó admiración con su elegante vestido de novia y como Antonio su novio y ahora marido se veía tan galante. No pudo evitar el decirse a sí misma lo afortunada que fue al conocerlo y más al atraparlo.

Recordó también a Julia y German, sus dos hijos menores. Recordó como se sintió feliz cuando terminaron la escuela primaria. Ahora están casi al final de la secundaria.
Recordó también como un día de un invierno hace varios años le anunciaron la repentina muerte de su padre Ernesto y ocho meses después la de Teresa, su madre, que murió por la profunda depresión que le dejó la partida de quien fue su esposo durante 55 años.
Todo eso fue lo que inundó su mente cuando le llegó la cinta rosada, la recibió de manos de la reina del país, pues esta realizó una visita de cortesía a los pacientes de aquel hospital para personas aquejadas de cáncer.

La visión de la cinta le golpeo casi de manera tan severa como le ocurrió cuando la doctora, su médica de cabecera, le relató que los exámenes radiográficos revelaban que tenía cáncer en el seno derecho. Pensar que por años tiró a la basura los volantes con información en prevención de enfermedades y hasta las invitaciones de su compañía aseguradora para que se hiciera la mamografía sin costo alguno.
En ese momento no podía creer lo que estaba escuchando, sus piernas temblaron y si no cayó totalmente inerte fue por la mano fuerte de su esposo Antonio que, como en muchas ocasiones difíciles, le sostuvo y le dio la certeza de que el mundo seguía guardando amor para ella.
A continuación se preguntó - ¿será cierto?, ¿Por qué a mi?- Recordó cuando en las clases de psicología le enseñaron que las personas con diagnósticos graves pasan por fases de negación y de enojo antes de llegar a las etapas de aceptación, enfrentamiento al problema y búsqueda de soluciones. Su fuerte carácter le ayudó a atravesar por todas esas fases rápidamente.
La doctora García, Elena, es su nombre, le contó que el cáncer de mama no produce síntomas en las etapas iniciales y que se depende de realizar mamografías cada año para detectarlo tempranamente, es decir cuando es curable. También le dijo que entre los factores de riesgo para desarrollarlo están el hecho de tener parientes cercanas que hayan tenido cáncer de mama, el haber tenido a los hijos cuando se tiene más edad y que el riesgo se incrementa con la edad de la mujer.
Recuerda que reunió a toda la familia, sus suegros y sus hermanos, también a sus hijos y como siempre acompañada de su marido Antonio les explicó que aceptaría el tratamiento que le recomendaron en el oncológico el día antes. Se sometería a la triple terapia de Cirugía, radioterapia y quimioterapia. Que haría todo para salvarse y terminar de criar a sus hijos. Recordó también que el día antes de iniciar su hospitalización se dedicó a escribir una carta a cada uno de sus hijos, les dijo cuanto los amaba y también escribió para Antonio, su amor de toda la vida.
Nunca había sentido la necesidad de hacer un testamento, pero ese día lo hizo, la verdad es que fue la primera persona en aprovechar ese servicio legal gratuito que prestan unos abogados al hospital oncológico. La verdad es que lo hacían de muy buena fé pues los licenciados son dos hermanos cuyo padre fue hace algunos años paciente del mismo hospital.

Al ver la cinta de color rosa en la cama, rememoró todo eso y mucho más. Pero sobretodo volvió a vivir los seis años de felicidad y plenitud emocional que logró estar en compañía de sus seres queridos gracias al tratamiento que se le brindó en el oncológico, pero, ni eso evitó que brotaran las lagrimas al recordar el momento en que le confirmaron que los nódulos en sus pulmones, hígado y vértebras eran metástasis o sea tumores cancerosos hijos del primero que se descubrió hacia poco mas de seis años.
Es por eso que ahora de nuevo en la cama de hospital, se lamentaba de que la cinta color rosa llegó tarde a su vida, Nunca vio una antes, ni siquiera en la universidad. Las jóvenes se consideraban tan fuertes, tan invulnerables, ¡TAN JÓVENES! Que no se preocupaban de un símbolo con tan poca apariencia enérgica. ¡Eso es para las viejas!- solían decir. ¡Tarde me llegó esta cinta!- se lamentaba. Pero en sus últimos seis años pasó todo el tiempo que no dedicó a amar a sus hijos y marido a entregar estos pequeños fragmentos de cinta rosa a todas la personas que se cruzaron en su camino. Lo hizo en la iglesia, en la escuela de sus hijos, en la plaza de la lotería, y hasta en la terminal del transporte. También en el estadio de fútbol y béisbol y hasta en las entradas de cines y centros comerciales. Su familia siempre le acompañó; pues en aquella solemne reunión familiar al inicio de su enfermedad, les dijo que su compromiso era pelear con su tumor y también con los tumores que atacarían a otras personas, incluso a los hombres, pues 1% de los tumores de la glándula mamaria se presentan en hombres, además ahora sabe que 95% de los tumores cancerosos de las mamas pueden ser curadas siempre y cuando se detecten en etapas tempranas. De esa manera se aseguró de que muchas cintas color rosa nunca llegaran tarde a la vida de otras familias. Verenice comprendió que a esta enfermedad solo se le puede ganar con el esfuerzo de toda la comunidad, que todos deben ser educados para preservar la salud y darle frutos y honra a la patria.