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Historia de una Enfermedad llamada Diabetes Imprimir E-Mail
escrito por Escuela para Diabeticos   
ImageLa primera referencia por escrito, a la diabetes se encuentra en el papiro encontrado en Egipto por el alemán George Ebers en 1873 en Tebas (hoy Luxor) correspondiente al siglo XV, el papiro era del 1553 antes de Cristo, y se conserva hoy día en la biblioteca de la Universidad de Leipzig (Alemania).
Es un rollo de papiro que al desenrollarlo medía 20 m de largo por 25 cm de ancho y en él está escrito todo lo que se sabía o se creía saber sobre medicina. Un párrafo está dedicado a la extraña enfermedad, a la que siglos después los griegos llamarían DIABETES.

Su autor fue un sacerdote del templo de Inmhotep, médico eminente en su época, y en su escrito nos habla de enfermos  que coincidían en síntomas: adelgazamiento, hambre y sed continuos, incontinencia urinaria… todos los síntomas de la diabetes que se trataban con una dieta que incluía cerveza, sangre de hipopótamo, menta y por supuesto, ofrendas a los dioses.

Etimológicamente, la palabra diabetes guarda relación directa con el término griego y significa “Fluir a través de un Sifón” (Debido al exceso de orina ocasionado por la enfermedad), fue acuñado por primera vez en el 163 de nuestra era, por Areteo  de Capadocia (130-200), un médico de Capadocia, famoso por sus métodos terapéuticos.

Durante el Imperio Romano sólo merecen destacarse a Celso, que hizo una detallada descripción de la enfermedad y fue el primero en aconsejar el ejercicio físico, y a Galeno, que interpretó que la enfermedad era consecuencia del fallo del riñón, que no era capaz de retener la orina.

En el siglo XI, el médico Avicena habla de esta dolencia en un libro que se convirtió en referencia obligada en Europa a la hora de estudiar medicina. Evaporó la orina de un diabético y vio que dejaba residuos con sabor a miel. También hizo una descripción de las complicaciones de la diabetes.


En el siglo XIII Feliche descubrió que el páncreas no era un trozo de carne como hasta entonces se había pensado, sino una víscera.
En el año 1493 nació en un pueblecito cercano a Zurich Theophrastus Bombastus von Hohenheim mejor conocido como Paracelso (nombre que adoptó en memoria del médico romano Celso). Afirmó que el riñón era inocente (al contrario de lo que Galeno dijo y era mayoritariamente aceptado) y que la diabetes se debía a una enfermedad de la sangre. Se cuenta que le irritaba la palabra incurable y que decía “jamás ha creado Dios ninguna enfermedad para la que, al mismo tiempo, no haya creado también la medicina apropiada y el remedio adecuado”. Utilizó las propiedades de los fármacos y de las plantas como ingredientes para nuevos fármacos, además, admitió por primera vez que en una pequeña dosis de veneno, podría encontrarse la solución a algunas lacras.

Gracias a este médico y alquimista, comenzó a analizarse la orina como muestra para diagnosticar. Las investigaciones sobre la diabetes de Parecelso se fundamentaron en un experimento que éste llevó a cabo: hirvió la orina de un paciente y ésta se tomo la consistencia de un jarabe, dejando unos posos blancos tras evaporarse el líquido. Lástima que este médico pensara que era sal.

Thomas Willis, un doctor inglés probó, literalmente, la orina de varios enfermos y estableció la existencia de dos tipos de diabetes. Una ‘dulce’ (mellitus) y otra insípida. Si bien se iba perfilando la tipología de los síntomas, los remedios tardaban en llegar.

Hacia el siglo XIX en una de estas investigaciones de laboratorio, Claude Bernard logró descubrir la glucosa pero fue el interés por un órgano del cuerpo humano lo que al final logró arrojar luz sobre la diabetes: el páncreas.

En 1778, Thomas Cawley realizó la autopsia a un diabético y observó que tenía un páncreas atrófico y múltiples cálculos implantados en el tejido pancreático, esta es la primera referencia fundamentada que relaciona la Diabetes Mellitus y el páncreas.

Gracias a la labor de estos médicos, Josef von Mering y Oskar Minkowski, se halló una explicación firme que era que el páncreas producía una sustancia indispensable para equilibrar el azúcar.

Por otra parte, ya en 1869 un joven médico berlinés, Paul Langerhans descubre los islotes y su gran responsabilidad: la producción de insulina, en ese entonces contaba con 22 años, pero se limitó a descubrir estas células sin entrar a tratar de averiguar cual era su función.  
Sólo hasta 1893 un médico belga, Edouard Laguesse, sugirió que estos racimos de células, que el había llamado “islotes de Langerhans” constituían la parte exocrina del páncreas. Sus ideas fueron continuadas por Jean de Meyer quien denominó “insulina” a la sustancia procedente de los islotes (en latín islote se denomina “ínsula”) que debía poseer una actividad hipoglucemiante pero que todavía era hipotética.
A pesar de que teóricamente se estaba próximo a resolver el problema de la diabetes, la verdad es que hasta entrados los años 20, los diabéticos tenían pocas posibilidades de sobrevivir. Las dietas anoréxicas promovidas por el diabetólogo bostoniano Frederick M. Allen, solo conseguían prolongar en unos pocos meses la vida. Los tratamientos existentes en poco diferían de los propuestos por Arateus, casi 2000 años antes.

Otros descubrimientos relacionados con la diabetes también tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo XIX. William Prout (1785-1859) asoció el coma a la diabetes; el oftalmólogo americano, H.D. Noyes observó que los diabéticos padecían una forma de retinitis y Kussmaul (1822-1902) describió la cetoacidosis.
 

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