La Ansiedad Imprimir E-Mail
escrito por Lic. Lourdes Y. Restrepo de Vergara   

ImageLa ansiedad es una enfermedad frecuentemente relacionada con la estructura biológica y las experiencias en la vida de un individuo y con frecuencia, son hereditarias.

Un trastorno de ansiedad puede hacer que se sienta ansioso casi todo el tiempo sin ninguna causa aparente. Las sensaciones de ansiedad pueden ser tan incómodas que, para evitarlas, usted hasta suspenda algunas de sus actividades diarias.

Casi a todo el mundo le preocupa algo: las deudas de la tarjeta de crédito, las facturas de la reparación del automóvil, una evaluación próxima en el trabajo, etc. Un poco de preocupación es natural y normal.

Pero cuando uno se convierte en un nudo de ansiedad las 24 horas del día, los siete días de la semana, eso no es normal. Tal vez usted sufra de trastorno de ansiedad generalizado, afección que se caracteriza por una preocupación sobre casi todos los aspectos de la vida que uno siente que no puede controlar. Puede dejarle sintiéndose física y emocionalmente agotado y también frustrar a los seres queridos que tienen que escucharle verbalizar toda esa ansiedad. “La característica psicológica es un estado de preocupación crónico e incontrolable”. Alrededor del 6% de la población sufre este problema en algún momento de su vida.

“Siempre anticipan lo peor”. Se preocupan por las cosas importantes pero también por cosas que la mayoría consideraríamos menores. Parecen incapaces de dejar de preocuparse, incluso cuando saben que es poco realista o que no hay motivo. Y una vez cesa una preocupación, aparece la próxima.

“Siempre está la próxima crisis por la cual preocuparse”. Las personas que luchan “saben que la preocupación es desproporcionada”. Toda esa preocupación deja a los que la sufren viviendo en un estado crónico de tensión física. Muchos tienen problemas para dormir, se encuentran irritables, pueden sufrir de trastornos gastrointestinales y pueden quedar con sus relaciones destruidas. Otros síntomas incluyen dolores musculares, temblores y “tics” nerviosos.

Existen varios tipos de trastornos de ansiedad, cada uno con sus características propias y pueden afectar a cualquiera.

Los trastornos de ansiedad incluyen lo siguiente:

  • Trastorno de pánico: un ataque de terror repentino e incontrolable que puede manifestarse con latidos acelerados del corazón, mareos, dificultad para respirar y un sentimiento de temor fuera de control o terrible.
  • Trastorno de ansiedad generalizado: la ansiedad y preocupación excesivas que duran por lo menos seis meses acompañadas por otros problemas físicos y de conducta.
  • Fobia social: un miedo persistente a una o más situaciones en las que la persona está expuesta al posible escrutinio de otros. - Trastorno obsesivo compulsivo: pensamientos repetidos, inoportunos y no deseados que provocan ansiedad, a menudo acompañados de conductas ritualizadas que alivian esta ansiedad.
  • Trastorno de estrés postraumático: causado cuando alguien experimenta un acontecimiento muy angustiante o traumático. Los síntomas comunes son pesadillas y/o recuerdos recurrentes y enojo no provocado.

Tratamiento

Al comunicarse con un psicólogo, aquellas personas que tienen un trastorno de ansiedad pueden dar el primer paso en vías de la recuperación. Según los Institutos Nacionales de Salud Mental, el 90% de las personas con enfermedades emocionales mejorarán o se recuperarán si reciben tratamiento.

Afortunadamente, los profesionales de la salud mental hemos estado prestando atención al trastorno, llegando a exitosos métodos de tratamiento.

La tendencia es hacia sesiones dirigidas y orientadas a metas, con un tratamiento intensivo que dura más o menos un par de meses y que luego disminuye a sesiones ocasionales. Por lo general, la terapia cognitiva conductual, que incluye terapia del habla y “reestructuración” cognitiva para cambiar la manera en que las personas perciben las situaciones que por lo general desencadenan preocupación. Al igual que el ejercicio y la hipnoterapia sin dejar los medicamentos. La meta es que experimenten el sentimiento de preocupación y “desensibilizarlo”; es decir, “que lo experimenten una y otra vez hasta que resulte aburrido”. Les ayudas a lograrlo pidiéndoles que se planteen ciertas preguntas sobre sus áreas de preocupación: ¿Se trata de una preocupación realista? ¿Cuáles son las probabilidades de que suceda? Curiosamente, cuando una ola de preocupación los embarga, a la mayoría de las personas que la sufren les enseñamos nuevas maneras de experimentar las emociones, de maneras más positivas, dejarse llevar, aceptarlas, dejar que sigan su curso natural.

 

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